Los estudiantes de séptimo básico confeccionaron un escudo personal de acuerdo a la heráldica, significados de sus apellidos y listado de cualidades personales. La actividad se inspira en el texto bíblico de la carta de San Pablo a los Efesios y culminó con una bendición de los símbolos.
El trabajo de confección y de significado se realizó de manera articulada con las clases de religión y artes. De esta manera, finalizada la confección de dichos escudos, se realizó el viernes 04 de octubre una Eucaristía para velar y bendecir estos símbolos.
Así, los estudiantes profundizaron en la temática en las clases de religión junto con el Padre Luis García Ocaranza y profesor Ismael Godoy Loyola, mientras que de manera interdisciplinaria abordaron la confección con las clases de artes a cargo de la profesora Mar Veas.
La actividad permitió conocer los significados de colores en los escudos y formas, una reflexión profunda sobre el texto bíblico de San Pablo a los Efesios capítulo 6 versículos 10 al 18. De igual manera, un reconocimiento de sus características personales y cualidades de cada alumno. Asimismo, reconocer los escudos familiares de los apellidos de sus padres.
Un poco de historia y contexto: ¿Qué significado tenía para los caballeros andantes la velación de las armas en qué consistía?
El ritual incluía velar las armas. La noche previa a su investidura, quien iba a ser nombrado caballero tenía que permanecer en vela delante de sus armas durante toda la noche. Era muy importante no perderlas de vista, pues ello significaba que algo importante estaba a punto de ocurrir y debía estar preparado.
Vestir a uno las armas otro caballero o el rey, ciñéndole la espada con cierta ceremonia.
Cuando alguno se distinguía en la guerra por acciones heroicas, se le premiaba antiguamente armándole caballero, para motivarle a nuevas aventuras de valor.
El agraciado caballero velaba una noche las armas en la Iglesia u otro lugar señalado, después de bañarse y lavarse la cabeza; oía misa por la mañana; y luego el rey otro caballero o un sacerdote en su representación le calzaba o mandaba calzar las espuelas doradas, le ceñía una espada, le hacía jurar que moriría en caso necesario por su ley, su rey y su patria, y le daba una cachetada para que se acordase, diciéndole: “Dios y el bienaventurado apóstol Santiago te haga buen caballero”»










